| HISTORIA DEL COLEGIO | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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![]() Michel Higgins Nuevo General de la TOR. Michel Higgins es, desde este verano pasado del 2.007, el Nuevo General de la TOR Índice de la Historia del Colegio
Nuestra historia comienza, hace muchos años, en la gran avenida a la que llamaban antaño los vallecanos el Camino de Yeseros, y que ahora lleva el nombre del humilde fraile franciscano San Diego de Alcalá. Este camino, aplanado y remendado con carbonilla molida, corría paralelo a la vía de Madrid-Zaragoza hasta la Villa de Vallecas y luego, hasta las yeserías del kilómetro 14, de ahí su nombre. Es en esta avenida donde estaba, y aún lo está, una acogedora iglesia regentada, desde el año 1941, por los religiosos de la Tercera Orden Regular de Penitencia de San Francisco.
Al comienzo de la década de los cuarenta la escuela de la calle José Serrano núm. 19 (llamada por los lugareños de la “Fuente Nueva” porque instalaron una fuente en la esquina junto al edificio, para que los niños pudiesen beber agua) era la única existente en el barrio. Esta pequeña escuela sólo contaba con una clase para niñas y otra para niños y estaba atendida por dos maestros. Quizás por este motivo, desde su llegada al barrio la idea de estos religiosos franciscanos, con arraigada vocación docente, fue que los niños de uno y otro sexo, al abandonar la escuela, lograran dedicarse al trabajo honrado mientras, supervisados por los frailes, pudieran continuar su instrucción con algún tiempo diario de clase obligatoria. Así nació la idea de construir un colegio en Vallecas.
Esta idea contó desde el principio con bastantes detractores. Estos argumentaban que Vallecas era una zona pobre, por lo que no se podía contar con la aportación económica de los padres; además el número de alumnos que se preveía era muy escaso, y también, que un barrio como aquel necesitaba no sólo asistencia educativa sino formación humana integral: intelectual y cívica... Debió de ser precisamente gracias a todos estos argumentos en contra cuando los religiosos franciscanos comprendieron que allí les llamaba su deber.
De ese modo, y a fin de contribuir a la instrucción religiosa y civil de la que estaban tan necesitados los habitantes de la barriada de Vallecas, albergaron la ilusión de levantar un gran edificio politécnico para escuelas y talleres.
Sin embargo, este proyecto tenía un gran impedimento, la comunidad religiosa carecía de medios económicos para llevar a cabo la obra... ¡este bonito sueño tendría que esperar!
Pero, a pesar de todo, los franciscanos no cesaron en su afán de practicar el ministerio de la educación como obra de misericordia, y pusieron todo su empeño en tramitar y gestionar los requisitos necesarios para la fundación de nuevas escuelas que sirvieran para mejorar el nivel de vida de los vallecanos. De este modo consiguieron que, a los diez años de su llegada al barrio ya se contaran con trece nuevas escuelas. Es impresionante lo que supuso de transformación para el barrio la inmensa labor educativa promovida y realizada por los Franciscanos de la TOR. Se creaba un colegio y el mismo día de su apertura se cubrían todas las plazas y no se agotaba la fila desordenada de niños que esperaban para que se les apuntase. Eran unos chicos con suerte los que conseguían plaza. A veces se iniciaba una nueva lista, a sabiendas de que no había sitio, para tenerla en cuenta en la próxima creación de otra escuela, que no se sabía cuándo ni dónde iba a estar situada.
Así, en colaboración con el Patronato Escolar de Suburbios (creado en agosto de 1942) y con profesores pertenecientes a los “Cruzados de la Enseñanza” y a la “Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús”, abrieron sus puertas las pequeñas escuelas de la avenida de San Diego junto a la Huerta del Hachero, las de las calles Imagen, Palomeras, Doctor Bellido y Capitán Haya (hoy de Peña Atalaya). Y las cuatro en Entrevías, adosadas a la iglesia de San Carlos Borromeo, evitando así que los niños tuviesen que cruzar la vía para llegar a los colegios de este lado.
Pero la más significativa para nuestra historia fue, sin duda, la escuela construida dentro del conjunto parroquial, e inaugurada el día 4 de junio de 1944.
En esta escuela, que contaba con cuatro aulas completamente gratuitas para niñas, empezaron a impartir enseñanza en el curso 1944/45 las señoritas Carmen, Concha, Nieves y María Dolores, de la Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. También pudo conseguirse, con la ayuda del Estado, un comedor para estas niñas.
Una vez acababa la jornada escolar, la clase de labores escolares de aquel tiempo se convertía en clase de trabajo retribuido, y así se conseguía que continuasen la formación iniciada las niñas que, por la edad, tenían que abandonar la escuela y se impedía que se viesen en la calle sin tener ni saber a dónde ir. Así, a la vez que las niñas ganaban algún dinero para ayudar a la débil economía familiar continuaban su formación humana y religiosa en contacto con la parroquia.
Todo esto, sin embargo, sabía a poco a los religiosos franciscanos que, deseosos de levantar un gran edifico para escuelas profesionales, pensaron que sería muy conveniente comprar algunos terrenos para ampliar la labor ya iniciada.
Y como la nueva parroquia se había construido sobre un solar comprado a D. Isidro Villota De la Presilla por Dña. Ana María Hurtado Jiménez de la Serna (una piadosa y noble dama madrileña, que lo había donado al obispado para la edificación de un complejo parroquial en los suburbios), se pensó que los solares contiguos a la parroquia, destinados al cultivo y al pasto para animales, serían los más adecuados. Sin embargo, la pobre fraternidad franciscana seguía sin disponer de medios para su compra.
Mientras así discurrían, un desconocido señor, que resulto llamarse D. Luciano Urquijo, entregó a la primitiva comunidad franciscana 25.000 pesetas. Este inesperado donativo les decidió a la compra y, con este fin, Fray FRANCISCO FORNÉS FEMENÍAS, superior y párroco de San Diego, se apresuró a solicitar las debidas autorizaciones a la Curia Provincial.
El Ministro Provincial, Fray Rafael Ginard Amorós, se convenció prontamente de la utilidad de la compra en proyecto y, con fecha del 25 de diciembre de 1944, autorizó oficialmente para efectuarla, pagándose con el indicado donativo y otros que se añadieron al del generoso D. Luciano.
Obtenida la autorización del Provincial se siguieron los trámites necesarios y, el día 1 de marzo de 1945, se firmó la escritura de compra, ante el Notario D. Alejandro Bérgamo Llabrés, de dos solares, de 1.092 m2 cada uno, a D. Isidro Villota De la Presilla.
Ambos solares, situados en el paraje denominado Hotel Zapatero, afectan la forma de una paralelogramo rectangular. El uno linda por el Oeste, en línea de 26 metros, con la Gran Vía de las Palomeras (hoy calle Sierra de Molina); por el Sur, en línea de 42 metros, con la calle de Sansón Carrasco; por el Este, en línea de 26 metros, con la calle de San Jorge; y por el Norte, en línea de 42 metros, con la calle de Licenciado Vidrieras. El otro solar, de igual forma y dimensiones que el anterior, linda por el Norte con la calle Maese Nicolás (hoy de Santa Alicia); al Oeste con la Gran Vía de Palomeras; al Sur, con la calle de Licenciado Vidrieras; y por Este, con la calle de San Jorge.
Efectuada ya la compra de estos solares, les pareció conveniente a aquellos frailes comprar otros terrenos en los que, unidos a los ya adquiridos, poder desarrollar más ampliamente los planes establecidos.
Pero de nuevo se planteaba el problema económico. Aquellos religiosos no tenían dinero, pero confiaban en Dios... y también en la promesa de protección que les había hecho D. Antonio María Girón, por aquel entonces Ministro de Trabajo.
Expuesto el caso al Definitorio Provincial, éste aprobó una nueva propuesta de compras lo que comunicó oficialmente el 16 de julio de 1945.
Habiéndoles concedido el Ministerio de Trabajo un crédito de 300.000 pesetas, el 22 de julio de 1946, ante el Notario D. Alejandro Bérgamo, se firmaron las escrituras de compra de tres solares más, dos de 1.092 m2 cada uno y el otro de 2.015 m2 a los señores Villota Muniesa y Villota Diez.
El primer solar afecta la forma de una paralelogramo rectangular y linda: por Este, en línea de 26 metros, con la calle de Vallecerrato (hoy de Albalate del Arzobispo); por el Norte, en línea de 42 metros, con la de Licenciado Vidrieras; por el Oeste, en línea de 26 metros, con la de San Jorge; y por el Sur, en línea de 42 metros, con la calle de Sansón Carrasco. El segundo solar, de 1.092 m2, como el anterior, afecta la forma de un paralelogramo rectangular y linda: por el Este, en línea de 26 metros, con la calle Vallecerrato; por el Norte con la calle de Maese Nicolás; por el Oeste con la calle de San Jorge; y por el Sur, en línea de 42 metros, con la calle de Licenciado Vidrieras. El tercero, de 2.015 m2, afecta la forma de un polígono irregular de cuatro lados y linda: por el Este, en línea de 52 metros, con la calle de Vallecerrato; por el Norte, en línea de 42 metros normal a la anterior con la calle de Sansón Carrasco; por el Oeste, en línea de 42 metros normal a la que precede, con al calle de San Jorge; y por el Sur, en línea de 43 metros, que forma con la anterior ángulo obtuso con el camino de yeseros (hoy Avenida de San Diego).
Al adquirir estos nuevos terrenos vecinos al conjunto parroquial se compro a los señores Villota, como ya se ha dicho, hasta la calle de Vallecerrato.
Pero, como según los planes que tenía trazados el "Organismo Oficial de Regiones Devastadas", se suprimía la citada calle y se continuaba su paralela de Capitán Cortés (hoy Puerto de Arlabán), pareció conveniente comprar la parte de terreno comprendido entre lo comprado a los señores Villota y la calle Capitán Cortés. Se trataba de una superficie total de 1.715 m2, propiedad de los señores Laguna y Torres, que se compraron a través de la escritura firmada el 5 de agosto de 1947.
Solar, donde llaman la Mesa del Margen, que es longuera al Camino de los Yeseros, que tiene de superficie 1.715 m2 y linda al Norte en línea de 17 metros con la calle Maese Nicolás; al Sur, en línea de 15 metros, con propiedad de Don Baldomero Piñeiro; al Este, en línea de 104 metros con la calle Capitán Cortés; y al Oeste, en línea de 104 metros con la calle de Vallecerrato.
De esta manera, uniendo el solar inicial de 1.715 m2 donde se construyó la parroquia, se reunía la manzana completa excepto la antigua casa de Don Baldomero Piñeiro, esquina de Capitán Cortés con el Camino de Yeseros.
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El día 14 de noviembre de 1949 salió para Palma Fray Francisco Fornés. Había pedido a sus superiores, a causa de sus achaques y quebrantada salud, que se le permitiera pasar el invierno que se avecinaba en Mallorca. Su petición le fue concedida y... ¡ya no volvió más! Aquel bonito sueño que se fue gestando en su cabeza a lo largo de estos años tendría que seguir forjándose en su sucesor como superior y párroco de San Diego: Fray GABRIEL TOUS SANCHO.
En los primeros días del mes de mayo de 1950, cansados de que los solares adquiridos fuesen paso público en dirección norte - sur y, lo que era peor, vertedero de la zona, se decidió vallar los terrenos aunque, como siempre por problemas de dinero, tuvo que hacerse poco a poco.
El día 21 de mayo de 1951 queda terminada la tapia que hacia de fachada con la Avenida de San Diego. La divina Providencia, por medio de unas “Señoritas Visitadoras de la Telefónica”, hizo posible esta mejora que costó 21.000 pesetas.
Las dos tapias correspondientes a los lados este y oeste quedaron terminadas el día 26 de enero de 1952. Su construcción, valorada en 74.600 pesetas, fue posible gracias a la generosidad de algunos buenos amigos y a la rifa de una radio y un reloj de pulsera que también organizaron las “Señoritas Visitadoras”.
Las diligencias necesarias para terminar el vallado de los solares parroquiales, la fachada con Santa Alicia, se realizaron durante el mes de marzo de 1954.
Pero Fray Gabriel tampoco vería el sueño hecho realidad. El día 5 de enero de 1955, a causa de un tumor cerebral, fallece después de una complicada operación quirúrgica el que fuera segundo párroco de San Diego.
A mediados de l955, con la parroquia en manos de Fray ANTONIO FIOL BORRÁS se terminó de vallar el solar que la TOR había comprado a los hermanos Villota.
Y una vez vallado, se pudo fundar, el 30 de octubre de 1955, una pequeña escuela gratuita para los niños pobres instalada en un barracón desmontable de los que usan en el Ejército. La Conferencia de San Vicente de Paúl, presidida por D. Francisco Cantero, Catedrático de la Universidad, mantenía económicamente al maestro, D. Pablo Alarcón, y también costeaba los materiales escolares. Este barracón fue muy útil, al ser también escuela de adultos nocturna, para aquellos feligreses que trabajaban por el día. También se utilizó como escuela dominical.
Por fin, a finales del año 1959, probablemente en la Visita Canónica que se efectuó en el mes de octubre de este año, Fray Antonio Bauzá, Ministro Provincial, encarga a Fray JUAN SERVER BENNÁSSAR, ecónomo de la fraternidad, la tramitación oficial para la construcción de un colegio de Segunda Enseñanza en los solares contiguos a la parroquia de San Diego.
El colegio prefabricado, las aulas que se tenían y otras que se instalaron provisionalmente en el salón de actos del complejo parroquial, constituían ya por aquel entonces un pequeño colegio parroquial llamado "San Diego" y cuya puesta en marcha corrió a cargo de Fray Juan Server. Gracias a este “complejo educativo” se pudo pedir una subvención estatal para la construcción de lo que más tarde sería el Colegio Raimundo Lulio ya que de otra forma, al concederse en aquel momento únicamente ayudas para ampliar los colegios ya existentes no para construir nuevos, no se hubiera podido conseguir la colaboración económica del Estado. Volver al índice de la Historia
A comienzos de la década de los sesenta el embrión del Colegio Raimundo Lulio ya era una realidad. Por este motivo se nombra como primer Director oficial a un religioso burgalés, de aspecto bonachón y campechano, Fray FLORENTINO SAÍNZ FERNÁNDEZ. La edificación del Colegio parecía ya cercana.
Sin embargo, los tramites para la construcción del Colegio se complican cuando la familia Villota hace unas reclamaciones sobre cierto espacio de terreno destinado en un principio a calles y que el Ayuntamiento había autorizado a vallar. Para solucionar el problema se solicita a la Casa de la Villa un informe sobre este particular.
Como contestación a esta petición, el Negociado de Expropiaciones del Ayuntamiento remite, el 3 de diciembre de 1960, esta nota:
"En relación con el expediente de construcción de un colegio de primera enseñanza, proyectado por esa comunidad, el Excmo., Sr. Alcalde presidente con fecha 28 de noviembre último ha ordenado se comunique a Vds. el siguiente acuerdo de la comisaría general para la ordenación urbana de Madrid: -las calles que se pretenden suprimir, incluidas dentro de la parcela propiedad de la TOR comprendida entre las calles de Sierra Molina, Santa Alicia, Puerto de Arlaban y Avda. de San Diego, fueron ya suprimidas por esta comisaría, conforme figura en al Rectificación al Plan General nº 126 de fecha 5 de marzo de 1947- Lo que traslado a Vds. para su conocimiento y efectos consiguientes".
Por lo tanto, y una vez aclarada la calificación de esos terrenos como edificables, se acuerda comprarlos a la familia Villota de modo que queden unificadas todas las parcelas adquiridas ya por la Orden aunque, de nuevo por razonas económicas, esta compra no podrá hacerse hasta dos años más tarde.
El día 18 de enero de 1961 D. José Ferragut Pou, miembro del Ilustre Colegio de Arquitectos de Cataluña y Baleares, presenta el proyecto para la edificación de un colegio de enseñanza primaria y media, de 1.579 m2 y 18 m. de altura, con un presupuesto total de 23.397.986 Pts
En los 42 planos que desarrollan este proyecto se diseña un edificio destinado a colegio que constará de planta de semisótano, baja, tres plantas de pisos y una de ático y otro edifico auxiliar que destinan para gimnasio. La planta semisótano se destina para salón de actos, sala de recreo y cocina con sus correspondientes servicios, las cuatro plantas siguientes para colegio con las dependencias propias para su uso y el ático para residencia de comunidad y capilla. Y según figura en el pliego de condiciones, su construcción será a base de cimientos de hormigón en masa y armado, estructura de hormigón armado forjados de tipo autárquico, muros de ladrillo y cubierta de azotea.
Este gran proyecto queda respaldado por la publicación, en el BOE del 20 de julio de 1961, del Decreto de 22 de junio por el que el Ministerio de Educación Nacional declara de "interés social" las obras para la construcción del nuevo edificio con destino al colegio masculino "San Diego de Alcalá”. Y, por fin, el día 11 de septiembre de 1961 se inician las obras del futuro colegio, que deberá tener una capacidad, según consta en el proyecto original, para 1.728 alumnos.
Para facilitar las gestiones, el 14 de agosto de 1962, ante el Notario D. Francisco Lovaco Ledesma, Fray Juan Server agrupa los seis solares propiedad de la Tercera Orden, formando un único solar delimitado por la avenida de San Diego, calle Puerto de Arlaban, calle de Santa Alicia y calle Sierra de Molina, con una superficie total de 8.098 m2.
En este momento, y con los últimos rigores del verano, comienza a formarse el primer equipo de seglares que, junto a los religiosos franciscanos que aun viviendo en la parroquia trabajarían en el colegio, darán forma a lo que había dejado de ser un bonito sueño para convertirse en una bella realidad:
Así, en estos primeros años, llegarán los primeros maestros, dispuestos a llevar a sus nuevos pupilos por los rectos caminos de las letras y las ciencias: D. Santiago Poncela Pérez, D. Gregorio Sánchez Robles, D. Antonio Pestaña Orozco, D. Mariano Montero Gañán, D. Jesús García Herbón y D. José Mª Fernández Patiño.
Los llamados “instructores”, incipientes orientadores en técnicas de estudio, intentando siempre sacar el máximo de los chavales: D. Emilio Hurtado Piñataro, D. Guillermo Juárez Fernández y D. Rufino Partido García.
El primer administrativo, verdadero brazo derecho de los que llevaban el timón en este incipiente navegar, D. Luis Domínguez Gordo.
El primer conserje, un fornido burgalés entrañable para todos, llamado D. Desiderio Martínez Rosales y las primeras mujeres, encargadas de que todo estuviera limpio como la patena, Dña. Dominga Díaz Roncero, Dña. Celia Valladares Valcuende y Doña Carmen Recuero Clemente. Fueron ellos, venidos de Extremadura, Castilla y hasta de Galicia (curiosamente no había ningún madrileño), los que realmente pusieron un argumento en nuestra historia.
Por fin, el lunes 17 de septiembre de 1962, entremezclados con los albañiles, se incorporan los primeros alumnos: José Antonio Gómez Gil, José Ignacio Diez Onecha, Carlos Marín Arriaza, Jesús De la Cruz Velasco, Ricardo Cadenas Córdoba,… A partir de aquí comienzan a contar los aniversarios del Colegio Raimundo Lulio.
Pero la empresa era muy grande y los recursos económicos con los que se contaba eran escasos por lo que en noviembre de 1962, el incansable Fray Juan Server solicita al Banco de Crédito un préstamo para la construcción del nuevo edificio.
Lo que más apremiaba en estos primeros momentos era dejar zanjado el tema de la propiedad de los terrenos donde se iba a levantar el colegio y, por ello, el 20 de mayo de 1963, ante el Notario D. Enrique Arnau y Gran, se compra a los Señores de Villota Muniesa, a los Señores de Villota Diez y a la Sociedad Civil "Hijos de Don Isidro Villota De la Presilla", un total de 3.387 m2. Estos eran los que se creían inicialmente destinados íntegramente a vías públicas entre los límites de las calles de Puerto Arlabán, Santa Alicia, Sierra de Molina y la Avenida de San Diego. Lamentablemente esta operación se llevo los pocos ahorrillos que quedaban, y al poco tiempo de comenzar las obras, no habiéndose recibido aún el préstamo solicitado al Banco de Crédito, la edificación hubo de interrumpirse porque el dinero no llegaba.
Sin embargo, el ambicioso proyecto ya no podía volver atrás y, por este motivo, se ve la necesidad de vender una parte del terreno para poder continuar con la construcción.
Así, el 7 de junio de 1963, ante el Notario D. Enrique Arnau, de los 11.485 m2 que estaban en propiedad de la Tercera Orden, se segregó una parcela de 2.238 m2 en forma de U. Y el 19 de septiembre de ese mismo año se añadiría a ésta otra parcela, también en U, de 454 m2. De ese modo queda la finca inicial inscrita en el Registro de la Propiedad número diez de Madrid como un "solar sito en esta capital en el barrio de Vallecas, con fachada a la avenida de San Diego que ocupa una superficie de 8.793 m2”.
Pero encontrar un buen comprador en esos tiempos no era tarea fácil y, mientras llegaba, tuvo que ser la eficaz intervención de Fray Antonio Bauzá, a la sazón Ministro Provincial, quien salvase económicamente el proyecto.
Con la llegada del año 1964, y después de tantas estrecheces y vicisitudes, todo parece adquirir un nuevo color. El día 28 de febrero el Banco de Crédito concede por fin el préstamo de 14.053.000 pesetas, al 4% de interés, a pagar en 30 años a partir del 1 de abril de 1964.
Y con la primavera llegara la Orden Ministerial de 14 de mayo por la que el colegio es reconocido de Grado Elemental de forma provisional para el curso 1963/1964. Sin embargo, no será hasta julio de 1964 (OM 9.7.64 - BOE 18.7.64) cuando el Colegio reciba la autorización oficial para impartir el Grado Elemental entre sus educandos.
En este tiempo se dan los últimos remates a la obra iniciada años atrás, se cambia el viejo mobiliario de las aulas y éstas se irán llenando con la llegada de nuevos alumnos. Eran tiempos de expansión. El colegio tenía que darse a conocer en el entorno y en la periferia. La pedagogía empleada, sus modernas instalaciones y el esfuerzo de todos lograrían el objetivo. Volver al índice de la Historia PRÓXIMO CAPITULO: VIENTO EN POPA… (1964-1970) |